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2008-04-18

Viajeras y tecnología 2.0

Arantza Jausoro Marugan Vitoria-Gasteiz, 40 años, licenciada en Sociología por la Universidad de Deusto. En la actualidad es presidenta de Euskal Mendizale Federazioa y miembro de distintos órganos directivos relacionados con el deporte. Trabaja como consultora de investigación social y de mercados. Le gusta viajar por su afición a la montaña.

Arantza Jausoro Marugan

Arantza Jausoro Marugan

Tecleando en Google mujeres viajeras se reciben 138.000 búsquedas en castellano, 366.000 en inglés y 2.810 en euskera. Esto lleva a pensar de inmediato que, además de viajar más que en ningún otro momento histórico, las mujeres mostramos una inclinación innata a hablar y reflexionar sobre los viajes.

En el mundo actual, las nuevas tecnologías han cambiado tanto las formas de viajar y de entender los desplazamientos que, echando la vista atrás, es o obligatorio preguntarse cómo nos las arreglábamos antes de Internet. Y sin embargo, a pesar de los cambios y la tecnología, seguimos percibiendo el viaje en su dimensión romántica y aventurera, sin conseguir superar la determinación genética que nos empuja a ver mundo, a planear un viaje detrás de otro, en una permanente pulsión sólo interrumpida por las circunstancias de la vida laboral y personal.

En el tradicional formato de viaje, las mujeres viajaban acompañando a los hombres, salvo legendarias excepciones, como las grandes damas viajeras del siglo diecinueve -hoy heroínas, ayer locas con aspiraciones lesbiánicas. Hoy en día, en cambio, algunas mujeres viajan solas y enfrentan problemas que los hombres ni se imaginan, otras viajan en grupo. Las hay que viajan en familia, las que se organizan el viaje desde un portátil y las que son clientas habituales de agencias de viaje.

En esta marabunta de posibilidades que nos hace dudar permanentemente sobre la veracidad de lo explicitado, reducir incertidumbres es un factor clave en los viajes. Cuando las guías Lonely Planet lanzaron sus apartados específicos para mujeres algo empezó a cambiar en el mundo. Era un hecho que las mujeres viajaban y que necesitaban bloques de información específica para ir resolviendo sus propios problemas. El viaje se democratizó, ya no sólo viajaban los hombres, sino también las mujeres -y no solo las superviajeras- sino mujeres de todo tipo y procedencia.

Desde entonces hasta ahora no han pasado tantos años, apenas veinte. Y lo que antes era aventurado ahora se ha convertido en una forma de vida, incluso en un estado mental. Viajar ya no significa olvidarse del mundo y que el mundo se olvide de una. Si podemos llamarnos herederas de aquellas mujeres decimonónicas que arrastraban enaguas y cuadernos por mundos sin mapas, hoy llevamos con nosotras, como mínimo, una cuenta de correo electrónico.

Dando un paso más allá del correo electrónico, las plataformas de edición y comunicación digital -lo que se ha dado en llamar la Web 2.0 - reconstruyen un mundo de comunidades viajeras en las que las mujeres han encontrado su sitio. Así, las mujeres que viajan por asuntos de trabajo utilizan Twitter y Dopplr para intercambiar información sobre hoteles, restaurantes y cosas que hacer en las capitales financieras del mundo. Otras se hacen con una cuenta en Blogger, y han dado el salto del tradicional album de fotos a la publicación de un diario digital con material escrito, fotos y vídeos de sus viajes. Por último, las mujeres inmigrantes, viajeras de la necesidad pero no por ello menos viajeras, usan el Messenger, Hotmail y Skype para mantener sus vínculos afectivos y familiares a través del tiempo y la distancia.

En cualquier caso, los viajes siguen siendo uno de los mayores atractivos sociales y comerciales de la época actual. Bien en su dimensión de atractivo comercial, valor social y terapia contra los ritmos vitales actuales, bien en su dimensión de huída y necesidad, este siglo es el de las mujeres viajeras, que van del norte al sur y del sur al norte. Mujeres que tejen redes, intercambian información y la difunden.

 

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